DESDE DONDE LUCHAMOS:

Somos la Juventud Peronista Revolucionaria Envar El Kadri y formamos parte de la Agrupación Envar El Kadri - Peronismo Revolucionario.
Concebimos este espacio estratégico de lucha, en el marco del apoyo al presidente de la República Argentina Néstor Kirchner y a los procesos populares encarnados en el comandante Chavez, Evo, Lula, Ortega,Correa y Fidel Castro. Construyendo junto al pueblo una patria para todos y todas. Contra el enemigo principal de adentro y de afuera del proceso en marcha. Desde nuestra história de consecuencia y confrontación contra toda expresión del neo-liberalismo, sin oportunismos. Con la concepción de que solo el pueblo organizado es capaz de derrotar a los grupos concentrados de poder económico y político que han operado sistemáticamente hace mas de 30 años. Engrosando sus bolsillos en detrimento del pueblo Argentino.

CONSTRUIMOS DÍA A DÍA DESDE LA TRINCHERA DE LA PATRIA FUERZA POLÍTICA ORGANIZADA PARA LA REALIZACIÓN DEFINITIVA DE LA LIBERACIÓN NACIONAL Y LA CONSTRUCCIÓN PERMANENTE DEL SOCIALISMO NACIONAL DEL SIGLO XXI.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Solidaridad con el Presidente Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana


Hace más de 70 años, Enrique Santos Discépolo decía, en "Justo el 31": "Los reyes temblando/ remueven el mazo/ buscando un "yobaca"/ para disparar". Pero el rey Juan Carlos todavía no se ha enterado y subsiste como expresión de lo anacrónico e hipócrita que resulta el actual mundo de la diplomacia. Tampoco se ha enterado de los versos de Bartolomé Hidalgo: "Cielito, cielo que sí/ el rey es hombre cualquiera/ y morir para que él viva.../ ¡la puta" es una zoncera". Esta doble ignorancia lo ha conducido al rey a pretender acallar la voz del presidente de Venezuela, comandante Hugo Chávez, pues éste había cometido la osadía de señalar lo que todo el mundo sabe: que el ex presidente Jose María Aznar es un fascista redomado y decir también algo que muchos saben pero prefieren ignorar: que Aznar anduvo últimamente por Venezuela denigrando a Chávez, en la misma línea golpista que expresó en el 2002 cuando el imperialismo intentó derrocar al presidente legal de Venezuela. Juan Carlos creyó seguramente que vivía en los tiempos de Felipe II y que podía reprimir a los criollos y someterlos pero cuando se dio cuenta que estamos en el siglo XXI, decidió retirarse de la sala. No podía soportar la acusación de Chávez, pero según él Chávez debía soportar la complicidad de Aznar con los golpistas de Venezuela. Por otra parte, no comprendió que por la voz de Chávez estaba hablando esta nueva América Latina de los pueblos que se yerguen en políticas de Liberación Nacional y de unidad, ingresando ya al camino del socialismo del siglo XXI y que, por tanto, no puede ser acallada por ningún rey ni ningún imperialismo, aunque el fascismo los una.
Desde el sur de esta Patria Grande que va en busca de su destino nos solidarizamos plenamente con el Comandante Hugo Chávez y repudiamos toda prepotencia que pretenda sofocar las verdades que emanan de los pueblos y de sus representantes


CENTRO CULTURA DISCEPOLO - REVISTA DESAFIOS
NORBERTO GALASSO

AGRUPACION ENVAR EL KADRI - PERONISMO REVOLUCIONARIO
MARCELO NONO FRONDIZI

martes, 13 de noviembre de 2007

VI CONGRESO INTERNACIONAL DE SALUD MENTAL Y DERECHOS HUMANOS -UPMPM


  • Taller: Producción publica de medicamentos
    Integran: Daniel Gollan, Diego Sergio Pacal, Claudio Capuano, Gonzalo Moyano
    Coordina: Carlos Anigstein
    Dia 16 Hora: 12.40hs a 14.10hs Aula: Carpa E Sede: 1


    Luego de muchos años de políticas neoliberales, y a pesar de que hoy se vislumbran adelantos en la formación e implementación de políticas públicas en una dirección correcta, el sistema de salud en la Argentina todavía reproduce la inequidad social y sigue tributando a la lógica del mercado, que es la lógica de exclusión.
    En este escenario es que consideramos a la salud como un derecho universal que el Estado tiene la obligación de garantizar. No la entendemos como un bien con valor de cambio en el mercado, sino como un bien social con valor de uso.
    Estos principios son funcionales a la frase de Evita: “donde hay una necesidad, hay un derecho”.

  • Taller: obra de teatro: porque te quiero te cuido
    Coordina: Gladys Moyano, Gonzalo Moreno
    Día: 16 Hora: 18.10 a 19.40hs Aula: Anexo 1 Sede: 2

    Sinopsis de la obra: Un matrimonio, la duda y el misterio de lo desconocido…una mujer que emerge de la duda para redescubrirse y poder de esa manera salvar la pareja.
    Un recorrido en el cual se cruzan los fantasmas, mitos y tabúes que rodean al sexo, la vida conyugal y el HIV.

    Puesta en escena como herramienta disparadora de debates y charlas relacionadas a la prevención del HIV-Sida.

  • Taller: Salud mental y cultura popular
    (Prácticas Canto Andino con Caja)
    Coordina: Miriam García, Karina Vita, Marcelo Frondizi.
    Día: 17 Hora: 20.30 a 21.10hs Aula: 11 Sede: 1

    El canto compartido es suna actividad emotiva y terapéutica ya que a través del arte de cantar y percutir se puede mejorar la salud física, psíquica e intelectual.
    El arte y la creatividad son nuestros instrumentos fundamentales en el abordaje de las problemáticas que implican no sólo la lucha contra la enfermedad sino contra los factores sociales que la generan y refuerzan.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Reflexiones sobre las elecciones del 28 de octubre de 2007


Por: Norberto Galasso


En la apreciación general del comicio, debemos señalarque las mayorías populares han demostrado una vez másque saben defender sus intereses y que éstos coincidencon los de la Patria y el progreso general. No se handejado embaucar por las mentiras de "los medios" nipor los argumentos falaces de los dirigentesopositores . Han obrado con sabiduría dado el momentoque vive la sociedad argentina, la relación de fuerzasentre las clases y su propio nivel de conciencia apostando a la continuidad de la experienciakirchnerista. Seguramente en amplios sectorespopulares persistió el descontento o lainsatisfacción con algunas medidas del gobierno, comoesta alza de precios de los últimos tiempos o lasconcesiones o limitaciones manifestadas en cuestionesclaves como los recursos naturales , pero hanentendido claramente que el panorama político noofrecía ninguna opción superadora, por izquierda, dela que expresaba Cristina Kirchner, en cuanto apropuestas concretas y realizables. Y han apostadoallí correctamente. Seguramente muchos militantes lohan hecho con la convicción de que es necesarioconstruir por abajo, para disponer de mayor fuerzapara incidir en el nuevo rumbo. Seguramente también lohan hecho a pesar de la aversión que le provocanciertos personajes del gobierno así como ciertasmaniobras tácticas a las cuales este recurre. Pero hansabido distinguir claramente donde estaba el enemigoque ansiaba volver, expresado a través de diversospersonajes y matices ideológicos. Esos, que no eran"gente como uno", que tenían "otro estilo" como admitela Dra. Carrió, son los que empezaron a batir elparche del peligro inflacionario, de la convenienciade "enfriar la economía", de la distancia queconvendría tomar respecto a Chávez y sus proyectos, dela necesidad de no hostilizar a la Sociedad Rural nia los represores de la dictadura genocida. Lasmayorías populares percibieron que alrededor de estascuestiones se dirimían los enfrentamientos y sepronunciaron correctamente. El triunfo popular ha sido contundente, en primeravuelta, en casi todas las provincias, con más del 20%de diferencia respecto a la segunda fuerza. Pero estacontundencia alcanza aún mayor importancia si serecuerda que los medios de comunicación jugaronostensiblemente, en su abrumadora mayoría, en contradel Frente para la Victoria. Aquí es preciso señalarde qué modo esos "medios" redoblaron su artilleríadesde una perspectiva reaccionaria, ya fuese a travésdel más peludo"gorilismo", como del atildadoliberalismo conservador, e inclusive desde el seudoprogresismo de muchos periodistas jóvenes con ribetesizquierdistas, tanto fuese por radio y televisión comoa través del periodismo gráfico. Este fenómeno se estáverificando en toda América Latina donde losdeclinantes partidos de derecha aparecen sustituidospor un periodismo que se eriza frente a toda fuerzapolítica con alguno de los rasgos que ellos denominan"populista", contra la cual descargan toda su fuerza,a veces, en nombre de los sagrados principios delorden –como lo hace el Dr. Grondona- y otras veces,en nombre de supuestos valores éticos e inclusive , deutopías revolucionarias sustentadas en abstracto .Pero las mayorías populares no han caído en la trampa:han rechazado todo aquello que pregona la vuelta alpasado reaccionario y también aquello que "se opone alo bueno, en nombre de lo mejor, pero creandocondiciones para lo malo". Como pocas veces en una contienda electoral, lospropios protagonistas han desnudado el carácter declase de la puja electoral . La dirigente de laCoalición Cívica ha reconocido que la clase alta y laclase media alta (e inclusive, buena parte de la clasemedia media) han constituido su base electoral. Efectivamente, basta revisar el mapa electoral de laCapital Federal para observar de qué modo la CoaliciónCívica gana en Recoleta, Barrio Norte y Belgrano. Delmismo modo , en el mapa del Gran Buenos Aires gana enSan Isidro y Vicente López.. A su vez, se constataque el Frente para la Victoria triunfa en el GranBuenos Aires y en las circunscripciones populares dela capital Federal ( Lugano, Soldati, La Boca,Mataderos, Pompeya, Parque Chacabuco).Las declaraciones posteriores a la elección también han corroborado que este antagonismo electoral tuvoraíces sociales claras. La Dra. Carrió se hapreocupado de sostener –con enorme orgullo- queCristina Kirchner no ha sido votada por los sectoresaltos y medios altos y que, en general, ha demostradotener escaso apoyo en las grandes concentracionesurbanas donde, a su juicio, reside la "gente que eslibre", que no se encuentra "prisionera de planessociales", como en el interior donde, como ya loenseñó Sarmiento hace mucho tiempo, residen argentinos"poco léidos" o más bien, directamente incultos yatrasados. Al mismo tiempo, esta dirigente políticaseñaló que ni ella ni sus votantes soportan "elestilo" kirchnerista y que, en cambio, aspiran areinstalar "los valores de nuestros abuelos". Alreferirse al "estilo", dicha dirigente está expresandosu tendencia a caracterizar "por las formas" y no "porlos contenidos". No está, en claro, sin embargo, si serefiere solamente a las desprolijidades del presidenteque no se abrocha el saco o critica a los periodistasen un discurso, o si se refiere, como es su costumbre,al "estilo institucional", como podrían ser losdecretos de "necesidad y urgencia". En ambos casos nohace más que certificar la óptica estrecha con que semaneja la clase media, como así también la hipocresíaque caracteriza a gran parte de sus integrantes.Resulta sorprendente, por ejemplo, la falta decoherencia pues los mismos dirigentes, de extracciónradical, que protestan por ese tipo de decretos, comoviolación a la "institucionalidad", son quienesconsideran sus grandes ídolos políticos a dirigentescomo Balbín que avalaron la proscripción electoral delas mayorías populares durante 18 años, como si ellono significase violar la institucionalidad propia dela democracia. Con respecto a esos valores de "nuestros abuelos" estosuena a reivindicar "la década infame" o "la GranArgentina de su majestad Británica, de la época delcentenario", es decir, la época de la gran entrega delpaís. Por otra parte, ¿Quién es el abuelo de laCarrió? No Yrigoyen, a quien nunca cita, sino el Alemque coqueteaba con Mitre y a quien con absolutodesconocimiento de la verdad histórica le atribuyehaber organizado el partido Radical. Pero ni siquierael abuelo es Alem, sino Alvear, es decir, ropajeliberal-democrático y contenido oligárquico.Admitamos que en el apoyo a la Coalición Cívica puedehaber un cierto número de distraídos o "tomados" porel mensaje oligárquico transmitido por "los medios"pero también es cierto que en muchos casos, esvocación reaccionaria: racismo anticabecita, rechazode la expresión popular (ese "estilo" de la chusma, que no es "el de los abuelos"), la ética de aquellaGran Argentina donde los conservadores no erancoimeros, porque estaban en el negociado grande,enorme, de la entrega del país, que previamentelegitimaban con las leyes que lo hacían posible. Por otra parte, la Dra. Carrió se ha declarado "jefade la oposición" integrada sustancialmente por "ese 70u 80%" de la cúspide social, es decir de la gente"civilizada". Uno podría decir entonces que estamosasistiendo a la resurrección de las señoras gordas,aquellas fanáticas del Alte Rojas, no por alusión alfísico de la dirigente sino, porque como sosteníaJauretche, "tienen grasa en el cerebro" y excesivapelambre. El gesto, la presencia, el lenguaje y losargumentos de esta dirigente expresan esa resurrecciónde los gorilas y por si faltase algo, ella misma lo hacompletado manifestando su admiración porEvita...siempre y cuando que se entienda que ese"evitismo" se acompaña con el vituperio hacia Perón,de donde surge esa expresión popular de que "eseevitismo es la etapa superior del gorilismo".El diario Clarín se ha apresurado, días atrás, asostener que la interpretación de que en estas elecciones se ha manifestado un antagonismo entre properonismo y gorilismo es una simplificación, pues setrata de cuestiones más complejas, según señala elperiodista, aunque no las explica . No advierte, porejemplo, que el triunfo de la Coalición Cívica enBahía Blanca, Mar del Plata y La Plata corrobora esainterpretación, en tanto la primera es una ciudadfuertemente influída por la base de la Armada (donde,en su época, alcanzó notable fuerza Manrique), lasegunda fue bastión del socialismo democrático quetenía por jefe a Norteamérico Ghioldi y la tercera fuela tradicional base de Balbín. Donde sí se comete unerror es al generalizar sobre "centros urbanos",porque existen aquellos donde predomina el sector"servicios" o de "burocracia estatal" con pocosobreros, como en las mencionadas ciudades, perotambién los hay fuertemente populares –fabriles- comolos del Gran Buenos Aires, aunque la misma doctora,tan adicta al bronceado de su piel, advertiríaseguramente una apreciable diferencia de pigmentaciónentre la que es común en las ciudades mencionadas y laque predominaba en los habitantes de La Matanza. Puede conjeturarse que, como decía Jauretche, elproyecto económico-social, de fuerte contenidonacional implementado entre 1945 y 1955 dejó unamarca tan indeleble en la sociedad –reforzada por laspolíticas neoliberales de los demás gobiernos- quetodavía toda política que aunque tímidamentereproduzca alguno de sus rasgos es suficiente parareverdecer el gorilismo de antaño. En este sentido,cabe observar que la Dra. Carrió, al día siguiente delas elecciones, ya se preocupaba por estrecharvínculos con Gabriela Michetti , del macrismo y conGil Lavedra, del radicalismo, al tiempo que invitaba asu reunión a dos dirigentes de Recrear, de LópezMurphy, apuntando ya al 2011 con la evidente intenciónde constituir una nueva Unión Democrática. Unir almundo antipopular o dicho de otro, lograr que lossectores medios apoyen a la clase dominante y seaparten de los trabajadores, ha sido siempre, a travésde nuestra historia, la táctica oligárquica paramantenerse en el poder. De ahí la importancia que ellaotorga a la "colonización pedagógica" y de ahítambién la preocupación que debe difundirse en elcampo popular por la lucha ideológica. Es precisorobustecer el campo antiimperialista en la batalla delas ideas y dar pelea a las zonceras que difunden losmedios y que, entre otras cosas, provocaron, mesesatrás, el triunfo de Macri: "No hay derechas niizquierdas", "todo es cuestión de eficiencia en lagestión", "lo único importante es la cuestión ética","es fundamental el respeto a las instituciones", etc.etc.Existe en la Argentina un importante sector de lasclases medias – diríamos, el 22% que apoyó a Cristinaen Capital Federal- que está en una búsqueda desdela época de las asambleas ( esto está probado por elinterés que manifiestan por la revisión histórica)pero es preciso reforzarlo y ampliarlo. Sólo logrando,como en los setenta que la clase media rompa susubordinación política hacia la clase dominante,podremos avanzar.


Un hecho importante a destacar en estas elecciones es que se está produciendo un interesante cambio que vaarrojando al desván de las cosas viejas y podridas alo peor del peronismo. Salvo el caso de San Luis,verdadero feudo, ( y Formosa) es importante consignarque ha perdido Romero en Salta, que han sidoderrotados intendentes hasta ayer poderosos en laprovincia de Buenos Aires como Villaverde en AlteBrown, Kindimil en Lanús, Villordo ( candidato delministro del interior) en Quilmes, así como el Frentede la Victoria triunfó en San Miguel y que en otroscasos, esa burocracia corrompida, aún usando todo suaparato, ha ganado por muy poco votos( Alessi quedóa 9 puntos de Cacho Alvarez, en Avellaneda), unjoven candidato (Katopodis) se constituyó en segundafuerza en San Martín. Estos hechos se relacionan estrechamente con esaposibilidad de Unión Democrática levantada contra elgobierno, pues es preciso que desde el Frene para laVictoria se aproveche bien esta experiencia: sinapoyo del gobierno, el pueblo se ha encargado deliquidar a Villaverde y asimismo el Barba Gutierrez leha ganado al candidato de Aníbal Fernández, mientrasSabatella continúa ganando en Morón . Es necesariopues jugarse a construir por abajo y abandonar , nosólo por inconveniente políticamente sino por ineficazy contraproducente, la táctica de negociar conintendentes duhaldistas desprestigiados pues su tiempoestá concluido ya definitivamente, como asimismo eldel susodicho Duhalde, uno de los grandes perdedoresde esta elección, junto a Sobisch, López Murphy, Pattiy otros de la misma calaña. La táctica de ir al piede intendentes como Otaecé y semejantes no deberepetirse pues solo aporta argumentos a la oposición ydebilita el propio campo, en tanto no son confiablesde ninguna manera y traicionarán cuando lo considerenconveniente.


Otro hecho destacable es la catástrofe de laizquierda. Nuevamente, no alcanzan ninguna relevancia.Estos grupos no terminan de entender en qué consistela lucha política. Confunden ideología con políticaconcreta, ignoran el nivel de conciencia y latradición de lucha de los sectores populares,confunden agitación sindical con postulación política,siguen sumidos en el microclima. En una oportunidad,Trotsky, el verdadero, no el que pregonan estosgrupos, decía : Hay gente que hace política como siestuviera en 1917, cuando en realidad todavía nosencontramos en 1905. Aquí es peor aún: estamosluchando por rearmar un frente nacional, frente a unenemigo cuyo discurso se transmite minuto a minuto porlos medios, todavía sumidos en la desocupación y lafragmentación y ellos actúan como si estuviéramos por asaltar el palacio de invierno, para decirlo en supropio lenguaje.Uno de estos dirigentes se ha asombrado de que lostrabajadores los apoyen sindicalmente pero no losvoten, fenómeno que ya deberían haber aprendido porquees lo que ocurría en Córdoba, de los años 70, con lasagrupaciones sindicales clasistas, que recibían apoyoen tanto más combativas y de mejor conducta que losburócratas pero ese apoyo no se trasladaba al campoelectoral. Sin embargo, parece que no lo han entendidoaún.


Por otra parte, el resultado de la elección da larazón a quiénes sostuvimos que , por sobre todo, habíaque saber dónde estaba el enemigo principal. Señalamosentonces que, por supuesto, Kirchner no era Menem nitampoco Carrió (aunque muchas cosas de su gobierno nos dejaban insatisfechos), es decir, a quienesdijimos "no hay propuesta superadora de la de Cristinaen el escenario electoral", y hay que votar contra elenemigo, sin caer en ningún divisionismo. Aún cuando la política petrolera del gobierno seadesastrosa era necesario tener en cuenta otrosaspectos para definir la posición respecto a laselecciones. Por eso no coincidimos con Solanasestimando que su jugada resultaba muy peligrosa. Bastasuponer que Pino ( que llegó a tener porcentajes másaltos que los de hoy cuando se presentaba con elFrente del Sur) hubiese obtenido el 7 u 8%,restándoselo a Cristina, provocando el Ballotage. Comoconocemos la integridad y combatividad de Pinosabemos que en esa segunda vuelta no hubiera votadopor un candidato antipopular, pero la confluencia dederecha hubiese tenido su gran oportunidad . En esecaso, el mismo Pino admitiría que Cristina no esMacri ni Carrió, pero hubiera sido responsable de unapolarización altamente peligrosa que nos podíadevolver a los viejos tiempos: el programa ya loanticiparon: enfriar la economía, tomar distancia deChavez, eliminar las retenciones a las exportaciones yademás, ahora lo sabemos, "otro estilo" y los "valoresde los abuelos". Por esa razón no lo acompañamos a Pino, como lo hemoshecho en otras oportunidades. Por la misma razón, sipersistiese en un discurso que lo mimetiza con el P.O. Y el resto de la izquierda sin votos, ellodificultaría que volviéramos a encontrarnos en lamisma vereda- - - - - - - - -Con respecto al gobierno, estimamos que también deberásacar enseñanzas de este resultado electoral. Lasmayorías populares tienden a encolumnarse detrás suyo,pero ese mínimo movimiento ya le erizó los pelos atodo el gorilaje, que va a atacar con todo. Laresponsabilidad de la hora es tremenda y no se puedencometer errores, ni hacer concesiones a los grandespoderes. No se pueden crear condiciones para ningúntipo de frustración. Nada peor, decía el viejo Ugarte,"que los cambios a medias": despiertan el encono delenemigo poderoso, que siempre es más "clasista" quelos sectores populares y pueden generar desánimoentre quienes tienen necesidades apremiantes.En América Latina galopan nuevamente los libertadoresde antaño. Argentina debe estar cada vez más integradaa ese proceso y de esa manera solamente se podráaventar todo retorno reaccionario.


En otras épocas, este tipo de informe se preocupabasolamente por explicar el resultado electoral pues,más allá de alguna deformación de la noticia propia delos medios de comunicación, los ganadores y perdedoresaparecían nítidamente, sin duda alguna. Peroúltimamente estamos asistiendo a una deformación de lainformación por parte de "los medios" que nos llegan aescamotear las verdades más evidentes. En cualquierelección, de cualquier país, donde un candidatotriunfa con el 45% de los votos y le gana por 23% ala segunda fuerza política, lo menos que correspondedecir es que el triunfo ha sido contundente,incuestionable, rotundo o si se prefiere, en ellenguaje del tablón, "por afano". Cuando ese mismocandidato gana holgadamente en todo el país – esdecir, 21 provincias- , salvo en tres jurisdicciones,también es preciso afirmar que se trata "de unapaliza". Esta expresión sólo la usó el presidenteKirchner y casi ningún periodista. Un matutinosostuvo, por ejemplo: "El triunfo de Crstina Kirchneres la expresión más visible de preferencias ciudadanasque deberán traducirse en configuraciones partidaria renovadas y una relación diferente entre eloficialismo y la oposición, en sus distintasvariantes". (Clarín 30/10/2007). Por su parte, la DraCarrió con el 22% de los votos declaró que había hechouna elección extraordinaria, lo cual provocó tambiénun oportuno comentario del presidente Kirchner: "Noentiendo, ganó un solo distrito y habla de elecciónextraordinaria" Pero la Dra Carrió fue aún más allá señalando que "conun poco más de dinero ,entrábamos alballotage"(clarín30/10/2007)y el periodismo, engeneral, tomó esta declaración como sensata, cuandodebió haber provocado risa. Del mismo modo, huboperiodistas que hablaron de excelente elección dealgunos de los pequeños partidos contestatarios,cultivando su política divisionista que debilita aloficialismo.Más aún, es preciso dar un ejemplo contundente antesde analizar los resultados: cualquier ciudadanoargentino que ha visto los noticiosos televisivos delos últimos meses se forjó la imagen de que elmatrimonio Kirchner era odiado por los santacruceños,mientras que en esa provincias crecían las fuerzascontestatarias que en poco tiempo más podrían instalarun gobierno de izquierda en la provincia. Pero ahora,al conocerse el resultado electoral, resulta queCristina Kirchner ha ganado con el 73% de los votos,como así también ha ganado el candidato a gobernadorpor el Frente de la Victoria. Es decir, "los medios"habían logrado difundir una imagen de Santa Cruz ajenatotalmente a la realidad.Este comentario es necesario porque debe prevenirnosacerca de la información que recibimos para norealizar el análisis sobre datos falsos o deformados. Así, no bien nos acercamos al tema lo primero quehemos escuchado es a la Dra Carrió, con su arroganciacaracterística, sosteniendo que "la Coalición cívicaha triunfado en las grandes ciudades, refiriéndose enespecial a Bahía Blanca, Mar del Plata, La Plata yRosario, provocando el consiguiente comentariosarmientino de algunos periodistas: son los centros demayor cultura, donde reside la gente más informada,mientras que en el resto del país, los sectorespostergados , a los cuales se compra prebendas, esdecir, la expresión de la vieja barbarie condenada porel gran sanjuanino, votó al oficialismo. La Dra Carriólo definió luego con precisión y hasta orgullosamente:"Está claro que el 70 % de las clases medias y altasvotó contra Cristina... Ellos retuvieron el sector mástradicional del propio P. J. Y está ese 30% deindigentes y pobres que tienen controlados por losplanes sociales". Esa gente, según la democráticaCarrió no son "libres", "nacieron libres, pero en elconurbano le está quitada la libertad por el poder. Eslibre, pero está aprisionada". Este es el concepto dedemocracia que posee esta dirigente política, con elcual, por supuesto, abomina de las masas populares,del 17 de octubre y se supone que también de larevolución francesa, pues los "sansculottes" también,como dijo una vez Sábato, habrán orinado en algunaplaza histórica de Francia .No se le ocurre pensar a esta buena señora que lacircunstancia de que el país haya pasado de unaeconomía de especulación a una economía productiva,bajando la desocupación y aumentando el consumo hasido suficiente para que las mayorías de todo el país volcasen su voto a favor del gobierno, más allá deerrores, carencias, asignaturas pendientes. Tampoco sele ocurre pensar – o lo piensa, y le gusta- que susvotos obtenidos en Capital Federal provienen de lossectores que han votado al macrismo en la últimaelección para jefe de Gobierno. La gran mentira de la oposición de la mayor partedel periodismo consiste en su enfoque "sarmientino" delas elecciones, según el cual todo sería cuestión decultura. Pero la política no es cuestión de mayor omenor cultura porque la cultura que predomina en lasociedad es la cultura dirigido a mantener el ordeninjusto, es la concepción de la economía, de lafilosofía, de los valores sociales, etc. que posee laclase dominante y que a través de su control sobre losmedios,la escuela etc., impone a las clases medias. Através de la política lo que se dirimen son interesescontrapuestos. Por esa misma razón convertir a lapolítica en actividad dirigida solo a custodiar lacultura, la ética o las instituciones implicacongelar la injusticia porque se trata de valores impuestos por la clase dominante. Y cuando esacultura, esa ética o esas instituciones no lesconvienen, las violan. Así resulta esta paradoja:políticos de diversos partidos se desviven denunciandolos decretos de "necesidad y urgencia" lanzados por elgobierno pero son los mismos políticos que rindenhomenaje a sus "grandes dirigentes de antaño" quepracticaron vetos, proscripciones o golpearon en loscuarteles pidiendo el golpe militar . Es decir, sondemocráticos cuando pueden ganar y cuando no pueden,inventan vetos, proscripciones o ballotages paraurdir trampas a la propia institucionalidad que ya noles sirve. Muy pocos periodistas, entre ellos la revista Debate,han señalado el fenómeno nuevo de estas elecciones: elreflorecer del viejo gorilismo. Ha bastado que unsector del peronismo ocupase el gobierno y avanzase enalgunos cuestiones como "pararle" el ALCA a EstadosUnidos, para que se erizasen de nuevo los pelosgorilas de antaño. "Es una cuestión de estilo" diceCarrió, es "medio pelo" decimos nosotros, la clasemedia que se arrima lacayunamente a la clase alta , alprincipio llevando cierto barniz centro izquierdista yluego, a medida que se acercaba el momento de lasdefiniciones, coqueteando con López Murphy,catapultando a la hija de Estensoro, levantando a unarenegada de la Jotapé y de vez en cuando, entonandoalgún elogio a Evita, una mujer tan buena quelamentablemente tenía un marido fascista. De ahí la necesidad deque el campo popular afile susarmas ideológicas y dé la batalla a todo ese mundode zonceras con el cual la clase dominante controla abuena parte del electorado.

¿Centroizquierda, progresismo o movimiento nacional?


Del reformismo al conservadurismo: una aventura primermundista
POR GERMÁN IBAÑEZ

Comúnmente se alude al progresismo y a la centroizquierda como equivalentes. En menor medida se homologa también a los dos primeros con el movimiento nacional. Pero si la comparación de centroizquierda con progresismo puede considerarse correcta, no sucede lo mismo al identificarlo con el movimiento nacional. Intentaremos echar luz en torno a esta confusión.
La expresión “centroizquierda” aparece investida, en apariencia, con el mérito de la claridad. Se trataría de una ubicación política que, con moderación, ofrecería algunos correctivos de “izquierda” a la posición centrista. ¿Pero qué es “centro”? Difícilmente pueda definirse tanto centro como izquierda en abstracto, sin referencias a un contexto histórico concreto. Los países latinoamericanos por ejemplo han adoptado a lo largo de su historia definiciones políticas de origen europeo que, en las nuevas tierras, expresaron un contenido distinto y aún antagónico.
De manera provisional podemos decir que una posición de centro en las sociedades contemporáneas (insertas en el sistema capitalista mundial) es aquella que, respetando escrupulosamente los intereses de los actores económicos y políticos dominantes, mantiene equidistancia tanto de las medidas políticas reaccionarias como de las demandas populares que afectasen a los poseedores. En última instancia se trata de una posición conservadora, que no intenta modificar el status quo, considerado “natural” o inevitable. Ese status quo se identifica con la vigencia del orden institucional tradicional, que debería ofrecer salvaguardas frente a los “extremismos” derechistas o izquierdistas. Ahora bien, si la conservación de los intereses dominantes ha sido patrimonio de las opciones políticas de derecha, puede decirse que lo más frecuente es que la posición de centro se traduzca en políticas de centroderecha.
Frente a esto, la centroizquierda sería en cada caso el intento de incorporar o satisfacer ciertas demandas de los sectores populares que los intereses económicos dominantes y el orden institucional vigente no han tenido en cuenta. El límite preciso se encuentra en las demandas cuya resolución exigiría afectar sustancialmente la riqueza y las posiciones de fuerza de los poderosos. En última instancia se trataría de la aplicación de correctivos que tendrían además la virtud de “descomprimir” situaciones de flagrante injusticia social. Lo que podría derivar en protestas antisistémicas de perdurar en el tiempo. Como el efectivo desarrollo de esas políticas exige, aunque sea en grado mínimo, alterar ciertas situaciones preexistentes en un sentido de mayor inclusión social o democratización, puede decirse que se traduce en una orientación reformista. Lo cual es presentado como alternativa “realista” a una orientación revolucionaria caracterizada como “inviable” o “catastrófica”.
La reforma supondría la modificación progresiva de aquellas situaciones de mayor injusticia, evitando transformaciones bruscas o que llevaran a un choque inminente con los poderosos. Esa idea de un mejoramiento gradual, de un “perfeccionamiento” de lo existente, mantiene una vinculación con la cosmovisión positivista y la idea de la evolución social. Evolución concebida como progreso. Aunque la noción de progreso no es patrimonio exclusivo de la centroizquierda (también se manifiesta en la centroderecha) la denominación de “progresistas” sí aparece asociada frecuentemente al reformismo centroizquierdista.
Ahora bien, ese esquema mantiene una correlación con la realidad cuando la centroizquierda es efectivamente reformista. Es decir, cuando quiere corregir las manifestaciones más gravosas de la injusticia social que el sistema produce en su desarrollo inmanente. ¿Qué pasa cuando esto no se verifica? Pregunta que dista de ser retórica pues hemos asistido en las últimas décadas a la experiencia de gobiernos “reformistas”, “progresistas” o de “centroizquierda” en algunos de los países más poderosos que desplegaron políticas claramente conservadoras o propias de la derecha liberal. Es decir, no solo no afectaron el predominio de sus burguesías, sino que las beneficiaron en desmedro de los trabajadores y los desposeídos.
Desde luego, en la política siempre cabe la posibilidad del “gatopardismo”. Pero estamos frente a un fenómeno más complejo. Políticas neoliberales: de concentración del ingreso, de privatización, de recorte de los derechos sociales, de freno a las expectativas populares, de disminución abierta o velada del ejercicio de una democracia real, aplicadas por partidos socialdemócratas o de centroizquierda que décadas antes se habían identificado con el ideal de un Estado de bienestar. Cuando hablamos de Estado de Bienestar nos referimos al objetivo de repartir progresivamente el ingreso nacional, de ampliar los derechos sociales, de alcanzar el pleno empleo, de mantener una relación armónica entre el crecimiento económico y el aumento salarial, de una democratización general.
Durante una etapa histórica aún reciente, el ciclo de la segunda posguerra, efectivamente los países capitalistas metropolitanos implementaron esas políticas. El ideal de mejorar gradualmente la situación de los trabajadores a través de la legislación social tenía antecedentes en la orientación predominante en los partidos de la II Internacional. Aún persistía empero en esos partidos la ambición de alcanzar el “socialismo”, y minoritarias fracciones radicalizadas no renunciaban a la vía “revolucionaria”. La Revolución Rusa de 1917 y la posterior fundación de la III Internacional escindirán de manera decisiva a “reformistas” y “revolucionarios”. Desde entonces socialdemocracia y reformismo quedarían asociados, aventados los ímpetus insurreccionales que se desplazarían al naciente movimiento comunista internacional y sus posteriores escisiones (trotskistas, etc.).
Es después de la segunda guerra mundial que políticas reformistas similares a las propugnadas por la socialdemocracia clásica se impusieron en la Europa Noroccidental. Combinadas con el influjo keynesiano y el antecedente de la política de Roosevelt en los EEUU. Desde luego no se trató de una graciosa concesión de las burguesías metropolitanas. La derrota bélica y política del nazi –fascismo, el avance victorioso de la URSS, los movimientos de resistencia con participación comunista (Italia, Yugoslavia), y sobre todo la gran aceleración del levantamiento anticolonial de las periferias, se traducía en un fortalecimiento relativo de los pueblos y los movimientos obreros. De esa manera, el crecimiento de la marea revolucionaria en lo que pasó a llamarse “Tercer Mundo” y el temor al expansionismo soviético obligó a las burguesías de los principales países a hacer importantes concesiones a sus propias clases trabajadoras.
Fue la época dorada de crecimiento económico que, a despecho de pronósticos optimistas, tuvo un final. La caída de la tasa de ganancia junto con las exigencias crecientes de una política social en aumento, impulsó cambios en las políticas de las burguesías metropolitanas. Esto se conjugaba además con la trasnacionalización de la economía capitalista, que erosionaba los marcos nacionales donde se ensayaban las políticas modernizadoras y redistributivas. Es necesario destacar que estos cambios no fueron imponiéndose por un simple automatismo del “mercado”, sino a través de la cruda lucha de clases. Se trató de un proceso de recolonización de las periferias que se emancipaban, liderado por los EEUU que enfrentó, con criterio bélico, al movimiento anticolonial caracterizándolo como parte de una supuesta ambición soviética de “conquistar el mundo”. Después del formidable Mayo francés comienza el lento reflujo de los movimientos obreros metropolitanos y la gesta contestataria de los estudiantes. Esas sociedades de abundancia no podían poner en pie propuestas radicalmente antisistémicas. ¡No había necesidad de ello!
El “fantasma” de la revolución había muerto ya en la opulenta metrópoli. Los partidos comunistas, transformados en cómodas máquinas burocráticas, no resultaban una opción superadora frente a socialdemocracias que se inclinaban insensiblemente hacia el neoliberalismo. El largo invierno stalinista los esterilizó por completo. La ingloriosa caída del Muro de Berlín trazó un oportuno epílogo a esa historia. Sin proyecto alternativo a la unificación burguesa de Europa, la izquierda fue a la cola de las socialdemocracias que junto a los conservadores traducían el impulso hacia la trasnacionalización del capital. Los costos sociales de la nueva expansión burguesa pronto se hicieron visibles en esa impiadosa “revolución conservadora”. Diversas maniobras de encubrimiento ideológico, de las cuales la “Tercera Vía” fue la de más fortuna publicitaria, se esgrimieron para justificar el agotamiento histórico de las socialdemocracias y su conversión en masa al neoliberalismo. Se abrió una disociación histórica entre reformismo y centroizquierda. La operatoria discursiva y electoral de las socialdemocracias actúa desde entonces para encubrir ese hiato. Para justificar la aplicación real de una política de centroderecha por parte de la centroizquierda. Y si es así en los principales países del globo, que cuentan con ingentes recursos, ¿cuál es la suerte que les cabe en las lejanas comarcas periféricas?

El movimiento nacional aquí

El “progresismo” llega temprano a nuestras tierras. Las elites poscoloniales, cuyo meritorio adelantado fue Bernardino Rivadavia, concebían el progreso de las provincias rioplatenses como la adopción de las formas políticas y económicas de los países civilizados, a cuya cabeza de hallaba Inglaterra. Proyecto que implicaba la negación total de lo americano, o al menos su subordinación al poderoso influjo metropolitano. Dicho proyecto histórico se enfrentó con otros que compartían la idea de fundar una comunidad política independiente (nación) y moderna. Pero que intentaban incorporar el ineludible ascenso de la civilización burguesa al tronco preexistente de la sociedad que emergía de la colonia. Tal el caso del artiguismo.
Con la crisis del imperio español comenzó el choque de dos proyectos societarios opuestos. Uno apuntaba a un crecimiento hacia fuera, vinculado a las necesidades de la expansión de la potencia metropolitana de turno. Estaba sustentado en las clases ilustradas y pudientes que aspiraban a replicar en la “bárbara” América la “civilización” europea. Aquellas clases y grupos vinculados con la producción y el comercio orientados hacia el mercado mundial serán sus agentes y beneficiarios naturales. Con el andar del tiempo, el muy positivista progreso complementaría a la civilización, en un bloque solidario frente a la incorregible barbarie y atraso indo –íbero –americanos. Atento a las formas consagradas por las naciones dominantes, las privilegiaba por sobre el contenido. Por eso concibe la democracia como el funcionamiento de un sistema institucional hecho a medida de Europa o los EEUU. La “entrada al Primer Mundo” fue uno de los más recientes avatares de ese complejo neocolonial.
El otro proyecto intentaba un compromiso entre las necesidades de la emergente comunidad nacional y el capitalismo metropolitano. Promovía un crecimiento hacia dentro, privilegiando a los productores y el trabajo local frente a la penetración comercial extranjera. Se apoyó históricamente en un conglomerado históricamente variable de productores nacionales y masas populares. Tradujo, a veces en forma confusa o tentativa, el impulso democratizador de los de abajo con escaso apego a las formas consagradas por el eurocentrismo dominante. Por eso fue calificado de bárbaro, anárquico y hasta autoritario, como correspondía a la chusma plebeya y “cabecita” de la cual emergía. Más que expresar una improbable autarquía económica y cultural, apuntaba a subordinar la lógica de las relaciones con el exterior a las necesidades del desarrollo interno. Y, en sus proyecciones más sofisticadas, a enlazar la autodeterminación nacional con la liberación social y el entronque con el resto de la comunidad latinoamericana.
Pero el poder de irradiación del complejo neocolonial excedería a los relativamente minoritarios círculos de los poderosos. Con la consolidación del Estado oligárquico en las últimas décadas del siglo XX, luego de sangrientas guerras civiles en las cuales los productores nacionales expresados en el viejo federalismo caerían derrotados, la cosmovisión de los triunfadores fue difundiéndose por el cuerpo social. En su Manual de Zonceras Argentinas Arturo Jauretche desmontaría los axiomas básicos de esa cosmovisión hegemónica.
Esa configuración ideológica produjo dos resultados: la condena del movimiento nacional del siglo XIX por bárbaro; y la educación de muchos impugnadores del orden oligárquico en el mito positivista del “progreso”. Dramática consecuencia de la imposición de la visión del mundo de los vencedores de Pavón y sus epígonos del 80. De esa manera la oligarquía “progresista” coexistiría con opositores “progresistas”.
El más curioso exponente de este fenómeno, y muy a propósito del tema que nos interesa, es el Partido Socialista. Fundado en los años finales del siglo XIX revelaría desde el inicio su enfeudamiento a la cosmovisión oligárquica adoradora del progreso, intolerante deidad de la inteligencia colonial. La aparición del ideal socialista en el Río de la Plata es producto de la inmigración europea; activistas y trabajadores que traen ese paradigma e intentan recrearlo aquí. La dificultad para entroncar con la tradición histórica popular rioplatense vencida, la importación acrítica de las perspectivas fundadas en el proletariado metropolitano, y el eurocentrismo dominante en el círculo intelectual de su dirigente Juan B. Justo frustró la “nacionalización” del primer socialismo. Y condicionó negativamente sus avatares posteriores.
Ese primer socialismo adoptó el paradigma internacionalista de la II Internacional (el mismo que se haría pedazos en la primera Guerra Mundial). La fraternidad universal del proletariado, abstrayendo de la polarización mundial en países dominantes y dominados, era el reverso ingenuo de la expansión concreta del capitalismo como sistema planetario. En la práctica se tradujo aquí en la imitación de los programas europeos. Más grave resultaría el desconocimiento del contenido socio –histórico de los movimientos nacionales. Se los homologaba con las expresiones oligárquicas, como variantes de una misma y condenable política burguesa: “Roquistas, mitristas, irigoyenistas y alemistas son todo lo mismo. Si se pelean entre ellos es por apetitos de mando, por motivo de odio o de simpatía personal, por ambiciones mezquinas e inconfesables, no por un programa, ni por una idea”; Primer Manifiesto del Partido Socialista (29 de febrero de 1896). Lejano antecedente del sectarismo de ciertas izquierdas argentinas.
Con escasa conciencia histórica de la lucha emancipadora de estas comarcas, asumiría la visión del pasado del liberalismo oligárquico. La que condenaba como bárbaras las manifestaciones primigenias del movimiento nacional e idealizaba a los prohombres de la civilización y el progreso. De esa manera, el socialismo argentino se transformaría en una clara expresión de ese “progresismo” rioplatense. El eclecticismo ideológico –filosófico de los orientadores intelectuales tendría empero su centro de gravedad en el positivismo y su visión del progreso evolutivo. Progreso que solo podía manifestarse como “repetición histórica” del camino de la Europa civilizada.
La coincidencia llegaría hasta el extremo de propugnar una política económica librecambista, a imagen y semejanza de la elite oligárquica, condenando las industrias “artificiales” y al capital nacional (por “espurio”). La contrapartida era la sacralización de las industrias “naturales” (ganadería y agricultura) y del “sano” capital extranjero. No pudo evitar caer episódicamente en el racismo y la justificación del colonialismo europeo: “No nos indignamos demasiado porque los ingleses exterminen algunas tribus de negros en África Central. ¿Puede reprocharse a los europeos su penetración en África porque se acompaña de crueldades?” (Juan B. Justo). Tal la matriz original del “progresismo” argentino.
Pero ¿qué decir del origen del reformismo centroizquierdista en nuestras tierras? En el seno del primer socialismo argentino coexistieron (como en la socialdemocracia europea clásica) corrientes reformistas y revolucionarias. La vertiente dominante, de la mano de Juan B. Justo que abiertamente se reconocía no marxista, parecía replicar aquí el reformismo de la II Internacional. Fracciones radicalizadas apelaban al paradigma insurrecional, y luego darían origen al Partido Comunista. Ambas tendencias compartían el desconocimiento de lo nacional y la condena a los partidos locales que confusamente apuntaban a una política de autodeterminación, como el radicalismo yrigoyenista. En el seno de esa izquierda, y a la luz operada por la fractura mundial de la socialdemocracia a partir de la Revolución Rusa, el debate reformismo /revolución podía llegar a tener una ociosa razón de ser. Sin embargo, en el devenir concreto de la sociedad argentina de aquellos años fue el radicalismo yrigoyenista el que ocupó objetivamente el lugar de un reformismo centroizquierdista, tal como lo definimos al inicio de estas reflexiones.
El radicalismo yrigoyenista fue un movimiento nacional nacido dentro de los marcos de la Argentina y agropecuaria, dependiente de Gran Bretaña. Es un frente policlasista de clases y grupos sociales en ascenso dentro de la República oligárquica, que no superaban aún ese horizonte societario. Pero que planteaba una superación de la contradicción entre republicanismo liberal y democracia. Entre utilitarismo y garantías civiles por un lado y la soberanía popular por el otro. Al positivismo evolucionista y al utilitarismo se le opone un idealismo ético. Principios “no negociables” sostenían la práctica de la abstención y la intransigencia; y eran una respuesta política a las tácticas del Régimen: la “seducción” y la cooptación.
A la intransigencia y lucha armada como modalidades de deslegitimación y presión sobre el “Régimen” seguiría el acceso electoral al gobierno, una vez conquistada la soberanía popular tal como se la entendía entonces: voto universal y secreto. El yrigoyenismo promovió una politización efectiva de la sociedad en la medida en que se basaba en la participación de las mayorías en contraposición al acuerdo entre notables del Régimen. Aparecieron asimismo ciertos embriones de nacionalismo económico y de legislación social. Pero no pudo establecer una política económica consistentemente superadora del liberalismo tradicional. Ni incluir a la clase obrera (con la cual chocó violentamente) en una efectiva política social. En sus aristas más avanzadas cuestionó el “progresismo” oligárquico, y por eso fue combatido por dicho bloque dominante y su desdoblamiento de “centroizquierda”: el Partido Socialista.
No deja de resultar aleccionador el papel crítico que juega la oposición de “izquierda” en el debilitamiento de los movimientos nacionales. Enredados en sus contradicciones internas (como todo frente policlasista) no encuentran a su izquierda una corriente renovadora que los ayude a salir del atolladero, pues la “izquierda” y “centroizquierda progresista” se encuentran aliadas objetivamente a la derecha liberal y pro –oligárquica. Pues los astutos dueños del poder cuentan con varias estrategias para mediatizar a los movimientos nacionales. A saber: 1) Ejercicio de su poder económico –social y de su aparato ideológico –comunicacional. 2) Flexibilidad para suscitar alianzas envolventes con otros sectores sociales y políticos (tal fue el caso de la corriente “antipersonalista” dentro del propio radicalismo). 3) Utilización de la autonomía del Estado (con respecto al gobierno popular) para instrumentar el poder represivo de las fuerzas armadas.
El rechazo visceral a las formas plebeyas (la “chusma”) que no parecían condecir con el ciudadano idealizado de la cosmovisión progresista es otra clave de esa oposición de “centroizquierda” al movimiento nacional. Este último aunque sin cuestionar las bases reales de la desigualdad social, ni alterar la institucionalidad del Estado, promovió la visión de un Estado mediador en el conflicto social, y no solo garante político del “orden”. Resultaba así el reformismo concreto en un país dependiente. Y el presunto reformismo progresista se alineaba con la oligarquía, junto con los propios “progresistas” del movimiento nacional (antipersonalistas, alvearistas).
El ascenso del movimiento nacional más importante de la Argentina del siglo XX, el peronismo, encontraría al progresismo socialista en la más estéril oposición, coaligado nuevamente con los herederos de los conservadores y los nuevos golpistas. Con el agravante de que con el peronismo se planteaba en una escala más vasta la cuestión social, de la mano de la incorporación de la clase obrera industrial. Y también mucho más profundamente la problemática de la autodeterminación nacional a través de la industrialización sustitutiva de importaciones y el crecimiento de la economía pública. La implacable dialéctica de la Historia, empeñada en demostrar la caducidad de las obras humanas, reservaría otra sorpresa: el viejo radicalismo, agotado su potencial emancipador, se alinearía con sus antiguos adversarios en contra del nuevo movimiento nacional.
Una singular aleación de los viejos prejuicios elitistas y “progresistas” hacia la barbarie de los de abajo (ahora rebautizados como “cabecitas negras”) con la coyuntura mundial antifascista engendraría la tesis del “autoritarismo peronista”. Nuevamente la defensa de la cáscara formal de la democracia: las sacralizadas instituciones heredadas de la República oligárquica se opondría a la real ampliación de la soberanía popular. Es decir, la “libertad” y la “Constitución de 1853”, frente a los derechos sociales (del trabajador, la ancianidad y la niñez), la redistribución progresiva del ingreso nacional, y el voto femenino entre otros avances democráticos concretos.
Deberá convenirse que mientras que el peronismo se hacía cargo (con errores y limitaciones) de la modernización económica del país con aumento de la autodeterminación nacional y simultáneamente de la política social que en el mundo metropolitano encaraban las socialdemocracias, nuestro progresistas y centroizquierdistas conspiraban contra dicho rumbo. Conspiraban literalmente pues hombres del radicalismo y del socialismo se vieron complicados en la asonada facciosa que puso fin a esa experiencia en 1955. Detalle a tener en cuenta: el progresismo apoyó en nombre de la democracia el derrocamiento de un gobierno constitucional por parte de una facción militar que introduciría las detenciones arbitrarias, la proscripción política del partido mayoritario, el asalto al movimiento obrero, la tortura sistemática, la ejecución de prisioneros políticos. A partir de allí comienzan duros años de luchas políticas y sociales que culminarán en la dictadura terrorista de 1976.

Y ahora, ¿qué?

La experiencia histórica demuestra que en nuestro país los movimientos nacionales fueron el reformismo concreto posible. En tanto el progresismo centroizquierda en las coyunturas decisivas tendió a converger con la derecha liberal (de la cual es en realidad un desdoblamiento). Es decir, se manifestó una disociación entre reformismo y centroizquierda: ésta última fue conservadora. Los años posteriores a 1983 volvieron a replantear la cuestión del progresismo centroizquierda. Con un dramático cambio: el agotamiento sin relevo visible del peronismo como movimiento nacional. Entrampado entre la “renovación” y la “ortodoxia” derivó finalmente hacia el neoliberalismo encarnado en la presidencia de Carlos Menem. También el radicalismo alfonsinista en el gobierno fue un avatar agónico del centroizquierdismo: afiliado a la Internacional Socialista, amigo de Felipe González, trazó toda la impotencia de una corriente política que en la propia metrópoli se rendía frente a la revolución conservadora.
La experiencia de un extremista gobierno neoliberal en la cáscara carcomida del peronismo planteaba en una escala no vista la ausencia de un eje de rearticulación del movimiento nacional. Frente a él se alzaron dos oposiciones. Una popular y desesperada: jalonada de huelgas, marchas y concentraciones, tomas de Universidades, y finalmente cortes de rutas. Otra política y cuidadosamente sumisa ante los hechos consumados. Un tribuno vacío de la centroizquierda, el Chacho Álvarez, se transformó en su máximo referente. No se cuestionaba la desnacionalización económica, el privatismo, la sumisión frente a los organismos financieros (deuda externa mediante). Pero si las manifestaciones externas; operación privilegiada del progresismo centroizquierdista. La crítica a la corrupción, a las “desprolijidades” del modelo, al autoritarismo presidencial (innegable, por otra parte), nublaban un cuestionamiento real de la dependencia: causa verdadera de las lacras mencionadas.
No menos dramático resultó el encajonamiento de parte de la militancia nacional –popular en los equívocos marcos del “progresismo centroizquierdista”. Así se liquidó la crítica al modelo en pos de la alianza electoral “anticorrupción” para desalojar a Menem y administrar prolijamente el modelo. Camino que condujo a la constitución del Frepaso con los inefables socialistas (¡cuando no!) y el peronista liberal Bordon. Y de allí a la Alianza con la derecha liberal del radicalismo: Fernando de la Rua. Como prueba adicional de la esterilidad centroizquierdista resultaría el Chacho quien acompañará a De la Rua como candidato a la vicepresidencia, y no a la inversa.
El gobierno de la Alianza demostró la vaciedad del discurso anticorrupción, y del respeto sacrosanto a la “democracia”: los muertos de las jornadas previas a la renuncia de De la Rua hablan por sí mismos. La explosión del modelo neoliberal abrió una nueva etapa política de nuestro país. Contradictoria y ambigua, en la cual estamos inmersos y a tientas buscamos una reconstitución del cauce de la liberación nacional y social. La actual administración nacional, refrendada recientemente en las urnas a través de la consagración de Cristina Fernández para la Presidencia, es la más clara prueba de esa ambigüedad y contradicción.
Se impulsó una decidida política de derechos humanos, esclarecimiento y castigo de los crímenes del Terrorismo de Estado. Un alejamiento del paradigma de las “relaciones carnales” con los EEUU y correlativo fortalecimiento de las relaciones con nuestros hermanos sudamericanos. Especialmente en el seno del MERCOSUR y aún con la rebelde Venezuela bolivariana. En tanto que la política económica marca tristemente las contradicciones de la nueva etapa. Se ha sostenida una gestión anti - recesiva que acompaña la recuperación y crecimiento económico. Lo que se tradujo en una reducción de la pobreza y el desempleo. Pero no se avanzó un ápice en la recuperación de los recursos estratégicos (energía), lo que conspira paso a paso contra la estabilidad del crecimiento económico. No se ha detenido la desnacionalización de la economía argentina. No se ha redistribuido consistentemente la riqueza en un país con gravosas necesidades sociales.
Todas esas carencias requieren más que un gobierno: necesitan de la rearticulación de un poderoso movimiento político de masas. La Historia parece indicar que rara vez son fruto del voluntarismo de las dirigencias o la militancia. Una combinación de factores estructurales y políticos los suscita en cada caso. Lo cual no significa que deba esperarse a la aparición de condiciones favorables. En todo caso, sería bueno tratar de equivocarse lo menos posible. Y hemos visto qué equívoco más grande es confundir “progresismo centroizquierdista” con reformismo nacional –popular.
En esta sinuosa etapa de nuestra vida histórica, el principal adversario que se tiene enfrente es la derecha neoliberal. Ésta se halla presente en todos lados: en el gobierno y en la oposición. En la oposición claramente conservadora (como el PRO) tanto como en la que se presume “progresista” (el ARI). También en el aparato podrido del PJ tradicional. ¿Caeremos en el equívoco de cerrar filas en torno a la centroizquierda y el progresismo para enfrentar a la derecha liberal? Elisa Carrio es el nuevo tribuno vacuo del progresismo: simulación de centroizquierda para una posición real de centroderecha. Si embargo, no es allí donde anida el único canto de sirena del progresismo. También se encuentra en la desesperación por buscar un “rejunte” a cualquier costo.
Frente a esto no hay antídotos. Sólo la búsqueda inclaudicable y trabajosa del cauce emancipador en la línea histórica de los grandes movimientos nacionales. Contrariamente a lo que puede suponerse, no se trata de la simple reivindicación de una identidad política; pues ésta se reformula al compás de la historia concreta de un pueblo. Se trata del planteo político de los problemas argentinos desde el punto de vista de la autodeterminación nacional y la justicia social. Lo cual supone un planteamiento acertado de las tareas estratégicas de nuestra revolución. Pero también análisis precisos de la siempre cambiante coyuntura política.
Parece evidente que lo más difícil es la construcción del agente transformador; de una voluntad colectiva nacional –popular. La experiencia histórica muestra que han sido diversos los caminos. Desde una lenta construcción desde abajo, como la gestación en décadas del yrigoyenismo bajo la paciente tutela de su inspirador, hasta la rápida articulación desde arriba del peronismo entre 1943 y 1946. ¡Sin contar con la acción subterránea de impersonales factores estructurales, más allá de la voluntad y sapiencia de los contemporáneos! No puede anticiparse cuándo eclosionará un movimiento nacional; pero sin duda es conducente a ese fin el no andar persiguiendo quimeras al estilo del “progresismo centroizquierdista”.
Podría replicarse que acentuar la línea nacional –popular conduciría a una nueva forma de sectarismo. El sectarismo es un grave defecto en el cual muchas veces recaen las minorías ideológicas, incluyendo las del campo nacional. En condiciones singularmente adversas de aislamiento, como las que se vivió en los años 90, el principismo doctrinario puede resultar una estrategia de autodefensa. La coyuntura hoy es diferente. Sin embargo, correr detrás de los prejuicios de parte de nuestras clases medias (tradicional sostén del “progresismo”) no parece ser una alternativa superadora. ¿Qué hacer, entonces? Cuando el horizonte inmediato aparece de difícil apreciación, puede resultar útil partir de la sistematización crítica de las propias carencias o debilidades.
No puede predecirse la aparición de un nuevo cauce popular emancipador, sin embargo es claro que sin la rearticulación de la militancia social y política dispersa del campo nacional esa aparición se hace más azarosa. Allí está una de las principales debilidades de nuestro campo, herencia de las derrotas de décadas pasadas y de la internalización de la lógica utilitarista y politiquera de los 90. El espejismo “progresista” no será la solución a este problema. ¿Cómo integrar la participación en la lucha electoral (terreno privilegiado de los politiqueros) con la reconstrucción del movimiento popular? Replicar consignas progresistas no bastará. No hay que temerle a nuestras banderas históricas ni al planteo avanzado de las tareas, pues ¡éstas permanecerán irresueltas aunque las neguemos! Educar la militancia joven en el oportunismo electoral frustrará a esa generación para la lucha emancipadora. El germen de la politiquería es una de nuestras grandes debilidades, un terreno donde sutilmente pueden arrastrarnos los grandes maestros de ese deplorable arte.
En la política concreta de ayer y de hoy se convive necesariamente con esas lacras. Quien busque un horizonte impoluto no lo encontrará en la política. Renunciar de antemano a alianzas circunstanciales o incluso de cierta perdurabilidad con ciertos dudosos “aliados” es tan vano como correr desesperados tras ellos. Lo que no hay que enfrentar es la tentación de replicar sus métodos, que solo conducirá a la claudicación de los ideales liberadores. No existen recetas infalibles por cierto, pero la polémica ideológica sin concesiones y la democracia interna son las grandes herramientas con que se cuenta. La consideración y el respeto que merecen los compañeros que sustentan ideas diferentes es la condición imprescindible de la democracia interna del campo nacional popular. Pero también lo es el debate franco y abierto.
Si la militancia nacional –popular no se transforma en un centro de gravedad para otras formas de participación de nuestra gente, el camino será entonces otro. Aunque indudablemente más largo. De la convergencia real en torno a los objetivos estratégicos y luchas puntuales nacerá la unidad política. Sin unidad política del campo nacional –popular no hay capacidad de negociación ni frente a las pervivencias conservadoras neoliberales ni tampoco al oportunismo “progresista”. La lucha por la unidad política es un objetivo estratégico de la revolución nacional. Alejados de una lectura superficial veremos que no coincide necesariamente con la hegemonía total de una organización o dirigencia. Puede darse en torno a la articulación de la diversidad y la democracia participativa, e incluso es deseable que así sea. En todo caso , sea como sea la lucha por la democracia interna es irrenunciable.
Otra gran carencia visible es la dificultad para enlazar la lucha por las reivindicaciones sociales con las necesidades de la construcción sudamericana en curso. La cual dirige la burguesía con inevitable contenido economicista. Atacar el proceso de integración necesario a nuestros pueblos porque es hegemonizado por la burguesía es una locura. Sin embargo, cierto es que el movimiento popular va a la cola sin gran capacidad de instalar ejes superadores con contenido social. Las propuestas existen: las plantean con firmeza y convicción movimientos sociales como el MST de Brasil. También están las iniciativas que caben dentro del paraguas del ALBA bolivariano. Habrá que evaluar su grado de factibilidad o cómo potenciarlas. Al interior del país también se manifiesta esta problemática; la más ardua de la lucha emancipadora: la relación entre liberación nacional y liberación social. Resultarán efímeros los logros de la recuperación económica sin un reparto sostenido del ingreso. Asimismo como el avance en una política más audaz que consolide un modelo productivo más diversificado y sostenible que el problemático “boom” sojero. El saqueo de nuestros recursos es la lamentable continuación de la contrarrevolución privatista El gobierno actual no es el enemigo principal; pero disimular estas cuestiones no sirve. Ni al gobierno, ni a nosotros, ni a nuestro pueblo. La derecha neoliberal no se engaña sobre lo que está en juego.
Muchas de estas cuestiones aún están lejos de la preocupación inmediata de nuestra gente. Aunque mucho menos que en los oscuros años de hegemonía neoliberal y “pensamiento único”. Es necesario redoblar la prédica. La lucha por el reparto de la riqueza es una tarea más inmediata y asequible a las grandes multitudes. Combinarla con la lucha política contra la derecha liberal es el objetivo más cercano. Las virtudes y limitaciones del gobierno que se inicia con Cristina se medirán en gran medida en este punto. No seamos parte de las limitaciones.

Germán Ibáñez

MARCHAMOS A LA FISCALIA DE POMPEYA


BUSCAMOS VERDAD Y JUSTICIA PARA SERGIO GALLO

Este miércoles 14 de noviembre se cumple un mes del brutal asesinato de nuestro amigo y compañero Sergio Gallo. Al Cuyano, como lo conocimos todos, lo mataron a la salida de un baile de egresados por ser morocho y vivir en Bajo Flores. Su asesino, Hector Valle, se encuentra prófugo gracias al encubrimiento policial. Nosotros seguiremos incansablemente defendiendo la vida. Nos movilizamos a la Fiscalía de Pompeya y te pedimos que nos acompañes.

Para que el asesino vaya a prision

Para que la Comisaría 34 no encubra a los delicuentes.

Para que no le vuelva a suceder a ningun joven.

Para que se haga JUSTICIA

MARCHAMOS A LA FISCALIA DE POMPEYA (Almafuerte 33/35)

Nos juntamos el miércoles 14 a las 11hs en la EMEM Nº 3.
Agustin de Vedia 2500 (y Barros Pazos)


Convocan
Vecinos, amigos y familiares de Sergio Gallo
Organizaciones e Instituciones de Bajo Flores

Adhieren
Secretaría de Derechos Humanos de la Nación
Programa Nacional Antiimpunidad del Ministerio de Justicia
Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad de Bs. As.
Programa de Asistencia a la Víctima
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Bs. As.
Federación Universitaria Argentina (FUA)
Unión de Trabajadores de la Educación (UTE)

Para cualquier consulta llamar al 156-252 9092 (Nicolás)

El día que Juan Carlos de Borbón dijo algo que no le habían escrito..


Por: Altercom* Pascual Serrano

Repasemos el comportamiento de cada uno de los protagonistas, ese dia:

Hugo Chávez
Se ha dicho que no tenía sentido criticar a Aznar en una cumbre que abordaba la cohesión social de la comunidad iberoamericana, pero pocos informaron de que la intervención de Chávez previa al incidente era en respuesta a las palabras recién expresadas de Zapatero, quien afirmó que un país nunca podrá avanzar si busca justificaciones de que alguien desde fuera impide su progreso. El presidente venezolano mostró su desacuerdo y respondió que "no se pueden minimizar" el impacto de los factores externos, en referencia al apoyo de Aznar al golpe de Estado en Venezuela en el año 2002.
Se le acusa a Chávez de recurrir al insulto para dirigirse a Aznar y no respetar las formas y la educación. Pero no debemos olvidar cuál es el motivo de la indignación de Chávez: un gobierno quiere derrocar a un presidente legítimo y apoya un golpe de Estado y frente a eso la reacción es acusar al presidente de insultar al golpista. El mundo al revés.
También se ha vuelto a afirmar que no era el lugar ni el momento adecuado para la acusación. Eso mismo le dijo la derecha al ministro de Asuntos Exteriores español Miguel Ángel Moratinos cuando recordó en un programa de televisión la implicación del gobierno de Aznar en el golpe contra Chávez. ¿Cuándo es el momento para decirlo? No hay cumbres iberoamericanos bajo la temática "los golpes de Estados que se quisieron dar en América Latina y quiénes estaban detrás de ellos", de modo que habrá que explicarlo en algún momento que los presidentes se reúnan y debatan.

Rodríguez Zapatero
El presidente español reaccionó molesto a las críticas de Chávez al ex presidente Aznar y recordó que fue elegido democráticamente. Un presidente puede tener la obligación de defender las instituciones de su país ante críticas extranjeras, pero no las políticas de otros gobernantes. Si el presidente de Venezuela hubiera embestido contra el Parlamento español, el Tribunal Supremo o cualquier otra institución la reacción de Zapatero habría estado justificada, pero lo que afirmaba Chávez sobre la participación española en aquel golpe, además de ser verdad, fue también reconocido y revelado por el ministro de Exteriores español primero en un programa de televisión y posteriormente en el Congreso de Diputados. No debería molestar nunca la verdad.
El presidente español se permitió también la impertinencia de afirmar ante los periodistas tras la cumbre que advertía al venezolano que esperaba que fuese "la última vez" que en un foro como la cumbre iberoamericana alguien actúa como lo hizo él con sus críticas al ex mandatario José María Aznar. ¿Por qué no puede un presidente denunciar en una cumbre el apoyo de un país a un golpe de Estado?
Zapatero volvió a estar desafortunado poco después en un mitin en Buenos Aires, donde dijo que en una reunión internacional, si alguien ataca y descalifica a tu compatriota, aunque éste sea un rival y adversario, "tú sales a defenderle" . ¿Debemos defender a Franco?, ¿también a los españoles que participaron y fueron condenados por los atentados de Atocha?, ¿deben los alemanes defender a Hitler?, ¿qué hacemos en Iraq con los iraquíes que defienden a su compatriota Sadam Hussein?, ¿qué haríamos con un saudí que defendiera a su compatriota Bin Laden?
Si Zapatero quiere defender a compatriotas lo que debería hacer es pedirle al fiscal general que apoye a los abogados de la familia Couso, que está pidiendo justicia por el asesinato del periodista José Couso por militares estadounidenses en Bagdad. Ahí es donde se debe ver la defensa de un presidente a sus ciudadanos.

Juan Carlos de Borbón
El rey de España por primera vez dijo algo espontáneo que previamente no había sido escrito por ningún asesor, ni Casa Real ni miembro del gobierno. Los españoles pudimos ver su capacidad analítica, nivel intelectual, conocimiento geopolítico, dotes diplomáticas y respeto a un gobierno legítimo en su expresión: "¿Por qué no te callas?". Numerosos medios y analistas comentan que el rey perdió los nervios; estoy convencido de que no los perdió, simplemente, por única vez, ha hablado por su propia boca y no repitiendo lo previamente indicado por nadie. Ya sabemos por lo tanto lo que puede dar de sí el Borbón cuando se lo deja solo. A algunos nos pareció estar oyendo en ese "¿Por qué no te callas?" el "Se sienten, coño" de otro militar español [1]. Aunque quizás lo que alarmó a Juan Carlos de Borbón fueron los detalles secretos del golpe de Venezuela que estaba contando Chávez. ¿Pensó quizás que se acercaba a alguna revelación peligrosa?.

Vayamos ahora a ver las reacciones

Partido Popular
A través de su secretario de comunicación, Gabriel Elgorriaga, aseguró que el incidente ha sido consecuencia "de la imprevisión, de la negligencia y de la falta de capacidad de actuación" del presidente Zapatero. ¿Creía Zapatero que defender el golpismo de Aznar frente a las verdades de Chávez le iba a granjear aplausos de la derecha?
Gaspar Llamazares
El coordinador de Izquierda Unida ha demostrado gran sensatez admitiendo que "puede discutirse la oportunidad de las formas", pero subrayó que "lo que no es discutible es lo dicho por Chávez sobre la implicación y el apoyo" del Gobierno de Aznar "a la intentona de derrocarlo en 2002".
Para Llamazares, "lo que hace Chávez es decir la verdad", y que "a estas alturas alguien se escandalice" por censurar aquella maniobra "es, cuando menos, hipócrita".

Editoriales de El País y El Mundo
"También don Juan Carlos estuvo en su papel, puesto que el presidente venezolano cruzó con sus descalificaciones la línea de lo tolerable en una relación entre países soberanos", decía el editorial de El País. Años criticando la mala educación y la ausencia de formas del presidente de Venezuela y aparece Juan Carlos de Borbón diciéndole "¿Por qué no te callas?" al presidente de otro país en el plenario de una cumbre y dicen los del diario global que "estuvo en su papel". La sintonía con el editorial de El Mundo es absoluta: "al matonismo político del presidente venezolano, Hugo Chávez, que está contagiando a otros presidentes, como el nicaragüense Daniel Ortega. Y fue el Rey de España quien paró los pies al caudillo venezolano en presencia de todos los mandatarios iberoamericanos, diciéndole lo que hace mucho alguien le tenía que haber dicho". "¿Por qué no te callas?", eso es lo que hay que decirles a los presidentes latinoamericanos cuando no nos gusta lo que dicen, según el criterio de este periódico. Además, entre un rey no elegido y un presidente elegido en las urnas, El Mundo reserva la consideración de "caudillo" para el segundo.

Diario Público
Dicen en portada que "Daniel Ortega también ataca a España" y lo vuelven a repetir en la página 2: "Los representantes de Nicaragua y Cuba también critican a España". No es verdad, nadie atacó a España, Chávez criticó a Aznar y Daniel Ortega a Unión Fenosa. Ni Aznar ni esa empresa privada son España. Uno de sus analistas, Jesús Gómez, escribe: "Lo último que necesita la izquierda latinoamericana es una dosis extraordinaria de mesianismo y desprecio por la democracia y sus formas". Lo preocupante es que no se refería a los golpistas de Estado contra Venezuela, sino a su presidente democrático.
El amotinamiento de los países dignos contra golpismos y abusos procedentes de presidentes y multinacionales españolas en esta cumbre nos debe hacer reflexionar a todos que ha llegado la hora de cambiar las relaciones entre la antigua metrópoli y América Latina. Las expresiones y avances hacia la unidad latinoamericana deben conllevar el alejamiento de una ex metrópoli que, con un jefe de Estado no electo que manda callar a los presidentes democráticos de América Latina y abandona las reuniones cuando no le gusta lo que oye, demuestra que no ha entendido que las cosas han cambiado. Si el gobierno de España va a esos encuentros a representar y defender a las multinacionales y a presidentes golpistas, este país europeo sobra en las cumbres latinoamericanas.

Cuando un joven se hace adulto e independiente, llega el momento en su vida en que debe dejar de invitar a sus cumpleaños y fiestas sociales a aquel compañero del colegio violento y bestia que le molestaba en el recreo.
América Latina debe elegir entre unidad y soberanía o metrópoli que le dice que se calle.